Un estudio internacional revela que las aves de montaña son únicas y especialmente vulnerables al cambio climático

Las comunidades ecológicas están experimentando profundas transformaciones debido al cambio climático, que está alterando la distribución de las especies y el momento en que se desarrollan sus ciclos biológicos. En este contexto, un nuevo estudio internacional pone el foco en las aves de montaña, destacando su singularidad y su especial vulnerabilidad frente a estos cambios.
La investigación, publicada en la revista Ecology, ha sido desarrollada por un equipo internacional en el que participan el Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB, CSIC – UNIOVI, Principado de Asturias), el MUSE – Museo delle Scienze de Trento, varias universidades italianas, la Universidad de Jaén, la Universidad de Málaga y la Mount Allison University (Canadá).
El trabajo se basa en el análisis de datos de 800 especies reproductoras del Paleártico, integrando información sobre sus características funcionales —relacionadas con la morfología, el comportamiento y el ciclo vital—su distribución geográfica y su nicho térmico, es decir, la temperatura media en
la que viven.
“Para comprender cómo funcionan los ecosistemas no basta con saber cuántas especies hay, sino qué papel desempeña cada una de ellas”, explica Maria del Mar Delgado, investigadora del CSIC en el IMIB (CSIC – UNIOVI, Principado de Asturias) y primera autora del estudio. Este enfoque, basado en la llamada diversidad funcional, permite entender cómo las especies contribuyen a procesos clave como la depredación, la polinización o la dispersión de semillas.
Los resultados muestran que las aves de montaña asociadas a climas más fríos presentan una mayor singularidad funcional
Especies únicas en entornos extremos
Los resultados muestran que las aves de montaña asociadas a climas más fríos presentan una mayor singularidad funcional, es decir, desempeñan roles ecológicos únicos dentro de sus comunidades. Esta característica es especialmente acusada en las regiones de altas latitudes y altitudes.
“En nuestras latitudes, a medida que aumenta la altitud, las especies se vuelven más únicas desde el punto de vista funcional”, señala Chiara Bettega, investigadora del MUSE y coautora del estudio. “Las condiciones ambientales más extremas seleccionan rasgos que favorecen la supervivencia, lo que da lugar a comunidades más especializadas”.
Estas especies, además, suelen habitar en entornos aislados y presentan adaptaciones muy específicas, lo que las hace especialmente vulnerables. Su pérdida puede tener efectos desproporcionados sobre el funcionamiento de los ecosistemas, al tratarse de funciones difícilmente reemplazables por otras especies.
El estudio también revela que las especies más raras se concentran en regiones como el Himalaya o el Cáucaso, zonas que están experimentando un calentamiento especialmente rápido
Riesgos crecientes en un contexto de cambio climático
El estudio también revela que las especies más raras —aquellas que combinan alta singularidad funcional con áreas de distribución reducidas— se concentran en regiones como el Himalaya o el Cáucaso, zonas que están experimentando un calentamiento especialmente rápido.
“En las últimas tres décadas, más de una cuarta parte de las áreas que albergan estas especies han registrado aumentos de temperatura superiores a 1,5 °C”, explica Devin de Zwaan, investigador de la Mount Allison University y coautor del estudio. “Esto indica que muchas especies funcionalmente únicas ya están sometidas a cambios climáticos intensos”.
Entre las principales consecuencias previstas del cambio climático se encuentra la reducción de las áreas de distribución de las aves de montaña, lo que podría provocar extinciones locales e incluso globales.
Prioridad para la conservación
Los resultados apuntan a que las comunidades de alta montaña y latitudes elevadas afrontan un alto riesgo de pérdida de funciones ecosistémicas, agravado por la presión del cambio climático y las transformaciones en el uso del suelo. Esta situación se ve además dificultada por la escasez de datos, ya que el seguimiento de estas especies es más limitado en zonas remotas y de
difícil acceso.
“Las especies funcionalmente únicas desempeñan un papel insustituible en los ecosistemas”, concluyen Delgado y Bettega. “Por ello, las estrategias de conservación deberían centrarse en proteger a estas especies especialistas y en preservar los refugios climáticos que puedan garantizar su supervivencia en el futuro”.
Elaboración y Difusión
Fundación para el Fomento en Asturias de la Investigación Científica y la Tecnología (FICYT)